INICIANDO A MI CUÑADA

Sobre todo delante de Elena. Esa experiencia no solo sirvió para pasar una tarde de sexo estupenda, sino que cambió de manera radical una relación entre nosotros que antes era formal y fría y ahora cercana y cariñosa. Elena llama desde el coche: Creo que podré salir y comemos juntos, así que prepara algo para los tres y luego salimos de compras". Comuniqué a Lucia los planes y aceptó. Me vestí, preparé los cafés y charlamos. La llamaron ayer para cambiar el turno.

Menudo rebote se pilló. Le fastidiaron todos los planes de hoy". No habré interrumpido nada, no? Tras las risas tocaba comenzar a preparar las cosas para el almuerzo.

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Le dije que se viniera conmigo a la cocina y me ayudara. Le di un cuchillo y la puse a pelar unas patatas mientras yo preparaba el resto. Con tanto roce y broma no pude evitar comenzar a pensar en cosas que no debería pensar con mi cuñada.

Al menos no si Elena no estaba presente. Nunca pensé en engañar a Elena, pues nuestra vida sexual era tan completa, sincera y abierta que no sentía ni curiosidad por ello, pero dicen que el engaño no es cuestión de deseo, sino de oportunidad o algo así , y aquello se estaba convirtiendo en una oportunidad en toda regla. Finalmente me atreví a lanzarme. Si ella no respondía favorablemente, siempre podía decirle que solo quería quitarla del camino. Ella rió y se giró.

Se me heló la sangre pensando que había metido la pata, pero en seguida ella también se acercó y nos besamos dulcemente, humedeciendo nuestros labios con ternura y colmados de deseo. En mi mente algo me decía que debía parar, pero lo que debía hacer y lo que quería hacer no eran ni parecidos.

Paré de besarla solo para quitarle la blusa, a la que siguió su sujetador. Contemplé sus senos durante unos segundos y sus pezones fueron el siguiente objetivo de mi boca. Estaban ya duros cuando comencé a lamerlos y apretarlos, recorriendo el dulce camino entre ellos y su cuello. Lamerle los senos estaba siendo como un droga para mi.

Ella, entre suspiros, buscaba la manera de meter su mano por dentro de mi pantalón casi con desesperación. Aunque muchas veces había recordado la primera vez que me lo hizo, ese recuerdo no hacía justicia a lo bien que lo estaba haciendo en ese momento. Ella jugaba con mis huevos y tragaba todo lo que podía controlando mi empuje para no atragantarse. Debía parar. No por cuestiones morales de estar follando con mi cuñada, sino porque estaba muy excitado y no quedaba mucho para correrme, pero no quería terminar sin follarla antes.

Cogiendo su mano, hice que se levantara y la llevé al dormitorio. Su sonrisa llena de lujuria me indicó que esa era la forma en la que ella quería que la follara.

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Ella acariciaba mi pelo mientras me movía humedeciendo toda su piel, hasta llegar a su vientre. Le quité lo que le quedaba puesto y le abrí mucho las piernas. Con mi boca pegada a su sexo, mi lengua jugando con su clítoris y sus labios, y mis manos apretando sus pechos conseguí hacerla retorcerse, gemir, jadear y decir obscenidades hasta que casi se corre.

Me apartó para evitar llegar al orgasmo, y yo aproveché para subir y metérsela de golpe. Ella lanzó un "ay" largo y apretó mis brazos hasta casi clavar sus uñas en ellos. No le dí tregua. Aunque en un principio batallamos para convencer al esposo de mi cuñada para que tomara una copa casi nunca toma un par de horas después él mismo, con los ojos achispados, se encargaba de servirnos a todos.

Mi cuñada …en mi cama

Yo no perdía oportunidad de mirar las piernas de mi cuñada cuando ella las cruzaba discretamente. Pese a todo pensaba que mi mujer nunca diría nada así que me fui haciendo a la idea de sólo ver a mi cuñada.


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Hubo un momento en que me decidí a ir al refrigerador por la quinta botella, abandoné la sala y despacio, por lo mareado, me dirigí a la cocina. Estaba tomando la botella cuando mi cuñada se acercó y me dijo: A la par que decía eso se inclinó hacia el frente para tomar un queso de la parte baja del refrigerador. Como quedo cerca del refrigerador el espacio entre la mesa y el refrigerador era pequeño así que decidí pasar por ahí, como queriendo salir.

Se dio cuenta y volteó. Perdón, me dijo, no me dí cuenta que te tapaba el paso. Todo quedó ahí. De repente mi mujer sugirió jugar de prenda. Me quedé helado, pero por el gusto de que se hubiera animado a hacerlo. La sugerencia fue tomada a risa por mi cuñada y su esposo y continuamos jugando otra mano que me tocó ganar. Mi mujer me apoyó en forma extraordinaria y dijo —con tal de que no me pidas que me quite los zapatos porque todos se desmayan aquí- el comentario trajo risas para todos y cuando la risa se estaba controlando dije en forma seria:.

Se hizo silencio absoluto. Todos reímos de nuevo, pero la sorpresa fue mayor cuando Nora se levantó y cruzando los brazos se sacó la blusa por encima de su cabeza. No pude evitar mirarla. El brassier, negro y de encaje dejaba a la imaginación el resto de sus senos. Sonriente Nora se sentó y yo volté la mirada hacia mi mujer.

Ella me miraba a mi, pero no noté enojo en sus ojos. Pedro, el esposo de Nora agachó la vista hacia la baraja y repartió el nuevo juego. Lo ganó él.

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Se quedó callado un rato hasta que Nora lo apresuró: Mi esposa no dejó de sonreír, pero nerviosa me voltéo a ver buscando mi aprobación y temerosa de mis celos extremos. Yo sonriente aprobé con una mirada. Mi esposa se puso de pie y lentamente desabotonó cada uno de los botones de su blusa, la cual dejó caer a sus espaldas. El brassier que ella usaba era menos sexy, pero igual lograba apenas contenerlos. Mi mujer se puso algo colorada.

Nora repartió las cartas de la siguiente mano que ganó mi mujer. Se rió y me ordenó que me quitara la camisa. Suelo usar, por comodidad, truzas muy pequeñas, cuando me quité el pantalón no hallaba como ocultar la enorme erección que tenía desde hacía rato. Mi mujer rio. Mi cuñada volteó a ver y chifló, y su esposo sólo se rió.

La siguiente mano la ganó mi cuñada. Se quedó seria y ordenó: Pedro se quedó serio pero su mirada delataba el gusto por el castigo. Mi mujer se levantó y fue hasta donde él estaba sentado, le dio la espalda y se agachó para que él pudiera desabotonarle el brassier. Hizo como si que buscara el broche del brassier por el frente, lo que aprovechó para, con ambas manos, tocarle los senos a mi mujer.

Desabotonó el brassier y de nuevo adelantó las manos pues el brassier no había caído. Puso ambas manos en los senos de mi mujer, totalmente abiertas, queriendo abarcar todos los senos de su cuñada, y tras unos brevísimos segundos las retiró, ya con el brassier en las manos. La siguiente mano la ganó Pedro que ordenó a mi señora que le quitara a él la camisa.

De Cuñada a Amante (relato erotico)

Continuamos con la siguiente mano que gané yo. De inmediato ordené a Nora que se acercara pues yo le iba a quitar la falda. Ella lo hizo y se paro frente a mí. Mi mujer no me apartaba la vista pero yo me hice el distraído, al igual que Pedro y puse primero mis manos a la altura de las rodillas de mi cuñada. Ella sonrió al ver cómo visiblemente ese movimiento se reflejaba en mi pene que ya parecía ahogado en las diminutas truzas. Subí mis manos, lento hasta las caderas de Nora.

Ella cerró ligeramente los ojos y luego preguntó entre risas: Al bajar lentamente mis manos, sin apartarlas de sus caderas y muslos las hice un poco hacia el frente y con mi dedo cordial alcancé a rozarle su monte de Venus. Nuevamente cerró los ojos y en forma casi inaudible emitió un pequeño gemido. Le desabotoné la falda que ahí quedó tirada. Mi cuñada no tiene un culo grande, sino unas nalguitas bien formadas y duras, paraditas, que quedaban casi al aire con la braguita que las cubría.

Pedro su esposo se quedo serio primero, pero al ver que Nora lo tomaba a chanza rio alegremente.

Sobre los archivos

Tras su castigo Nora se fue a sentar a su lugar.